
Llevamos décadas esperando un juego del universo de Harry Potter que no diera vergüenza. Hogwarts Legacy es ese juego. Avalanche Software, el estudio de Disney Infinity que nadie esperaba que fuera a protagonizar el sorpresón del año, ha construido el simulador de ser-mago que los fans del mundo de Rowling soñaban en su cuarto con una Nintendo 64 de fondo.
El mérito es enorme: sin Harry, sin Hermione, sin los personajes de siempre, consiguen que el mundo respire y sea creíble por sí mismo. Juegas a finales del siglo XIX, eres un estudiante de quinto año con poderes extraños, y Hogwarts es tuyo para explorar. No un Hogwarts de cartón piedra: uno real, con sus 143 escaleras, sus aulas secretas, sus fantasmas con malos modos y sus pasillos que cambian de sitio cuando les apetece. La recreación del castillo es uno de los logros artísticos de la generación.


El combate es más entretenido de lo que cabría esperar: manejar cuatro hechizos en combinaciones, hacer levitar enemigos y reventarlos contra la pared con Depulso tiene un ritmo que engancha. Los duelos contra magos oscuros tienen chispa. Y la progresión de personaje, aunque no llega a la profundidad de un RPG serio, ofrece suficientes opciones para que personalices tu mago a tu gusto.
Los peros son reales: las mazmorras y misiones secundarias siguen un patrón demasiado repetitivo pasada la primera mitad. La historia principal tiene un tercio final que se apresura cuando debería saborear el clímax. Y el mundo abierto, enorme y bonito, se queda algo vacío de actividades una vez completas lo principal. Pero el conjunto es tan sólido y el mundo tan bien realizado que te lo perdonas. Para los fans del universo mágico, es compra obligada sin discusión.
Warner Bros. Games sabe que los fans de Hogwarts son de los que compran objetos. Veamos si lo han aprovechado:
Disponible en múltiples ediciones físicas con opciones por casa de Hogwarts:

- Juego base + DLC Thestral Mount
- Steelbook exclusivo
- 72 horas de acceso anticipado
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