
Agárrate los machos, condenado, porque el Doom Slayer ha vuelto y esta vez reparte estopa con armadura, escudo-sierra y un dragón ciborg de mascota. DOOM: The Dark Ages es la precuela de DOOM (2016) y DOOM Eternal, y en lugar de mandarte a saltar como una cabra por plataformas flotantes, te planta los pies en el barro de una guerra medieval contra el Infierno. Lo firma id Software, los mismos que llevan tres décadas enseñándonos cómo se mata un demonio con estilo, y aquí lo hacen con la mala leche de siempre pero a un ritmo nuevo.
La premisa es puro heavy metal hecho videojuego: eres el arma definitiva de dioses y reyes, una bestia con armadura a la que sueltan en el campo de batalla para que limpie hordas infernales a mamporro limpio. La historia, por fin, se cuenta en cinemáticas como Dios manda, con un Slayer que es básicamente un tanque con piernas. No esperes Shakespeare, espera vísceras, catedrales en ruinas y un órgano de iglesia sonando mientras descuartizas a un barón del Infierno. Y oye, funciona de maravilla.
El gran cambio es la filosofía de combate: si Eternal era un pinball aéreo que te obligaba a no parar quieto, aquí id te dice plántate y pelea. El nuevo Escudo-Sierra es la estrella absoluta: lo lanzas, lo usas para frenar proyectiles con un parry de los que dan gustito, y se lo encajas en la jeta al primero que se acerque. Súmale la Super Escopeta de toda la vida y un arsenal de cacharros nuevos que muelen hueso, y tienes un baile violento, pesado y satisfactorio como pocos.
Por si fuera poco, DOOM se viene arriba y mete fases a lomos de un dragón mecánico y secuencias dentro de un mecha gigante, el Atlan, repartiendo puñetazos del tamaño de un edificio. Los niveles son los más grandes y abiertos de la saga, con secretos por todos lados y un sistema de dificultad tan personalizable que lo mismo lo disfruta tu primo manco que un demonio del nivel pesadilla. El idTech8 mueve todo esto a una velocidad que asusta y con un nivel de detalle que te hace babear.


¿Lo mejor? Que es DOOM y huele a DOOM por los cuatro costados, pero se atreve a cambiar el paso sin perder la esencia. El parry con escudo le da un puntito casi de juego de lucha que engancha que no veas, la banda sonora vuelve a ser una pared de guitarras y coros épicos, y visualmente es una salvajada gótica que tumba de espaldas. Encima trae sliders de dificultad para todo, así que nadie tiene excusa para no disfrutarlo a su ritmo.
¿Lo peor? Que los fans más talibanes del frenetismo de Eternal pueden echar de menos esa locura aérea: aquí se va más despacio y a algunos se les hará pesado, nunca mejor dicho. Las fases de dragón y de mecha molan al principio, pero son menos finas que el combate a pie y, a la larga, repiten un poco la jugada. Y la campaña, sin ser corta, no reinventa precisamente la estructura.
Conclusión, con el dedo en el gatillo y una sonrisa de oreja a oreja: DOOM: The Dark Ages es un fiestón de violencia con personalidad propia, de esos que te recuerdan por qué este género es la repera. No será el mejor DOOM moderno para todo el mundo, pero sí el más distinto, y eso tiene un mérito enorme. Si lo pillas en físico para la estantería, ya hablamos luego de la broma del disco. Spoiler: prepárate para apretar los dientes.
El Slayer reparte hostias como panes, pero su edición física esconde una trampa de las que dan rabia. Pasamos revista a la caja con el ceño fruncido:
DOOM llega a la balda con dos sabores, ambos con su asterisco. Estas son las ediciones que puedes comprar en físico:

- Juego en disco físico de PS5 (ojo: el disco incluye sobre todo clave de descarga)
- Caja y carátula estándar

- Juego base en físico
- Acceso anticipado de hasta 2 días
- DLC de campaña
- Artbook y banda sonora digitales
- Pack de skins Divinity
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